“Pielofobia es una traca final. Es mi gran secreto para ti. Es un proyecto emocional que acaba planteando propuestas estilísticas. Es la excusa perfecta para hacer de una enfermedad, una fuente de inspiración inagotable. Es un pequeño regalo, un secreto que jamás te habían contado, una serie de afirmaciones que te habían estado ocultando durante años. Es el resultado de una experiencia traumática en relación con la fobia social y los espacios abiertos, que ha derivado en el replanteamiento del cómo nos relacionamos en sociedad, teniendo en cuenta “el color de las personas” y su variedad. El fin último es evidenciar la relación directa con otros seres humanos y nuestra capacidad de integración, aceptación y confianza en ellos. Es limpiar un miedo con amor. Miedo a los otros, a lo que no es propio, a las pieles del resto, al roce.

El objetivo final es crear valores. Crearlos nuevos o afianzar los que ya puedan existir. Enseñar, guiar, mostrar, abrir las mentes a través de abrir los ojos, educar y conseguir que la moda pueda ser filosófica, instructora y reveladora. Interpelarnos, movernos, conectarnos de la forma más esencial posible. Que la moda unifique las raíces más humanas. Que aporte capacidad de aprendizaje, de observación y de pensamiento. Que no se quede sólo en una propuesta estética y de buena imagen, sino que haga que el receptor empiece a cuestionarse y a cambiar conductas.

La Pielofobia viene para quedarse en ti, para que la vivas, la sufras  un poco, y la consigas transitar. Aparece para sacarle los colores a un mundo que está mirando a muchos lugares, menos a la vida. Pretende todo lo anteriormente dicho: la acción de relacionarnos, fomentar la igualdad y el respeto desde algo tan humano, tan tangible y tan común como es la propia piel. Es un homenaje emocional a la temida agorafobia.

PIELOFOBIA

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Porque la mente humana es la parte del cuerpo que más entrenamiento requiere.

Y de repente llega un día en el que algo dentro de ti explota. Y lo hace para siempre. Te quedas parado, sin saber muy bien cómo respirar, mirando a todas partes y a nada. Entonces crees que es algo pasajero, algo rápido e inmediato, que a la mañana siguiente habrá desaparecido. Tienes que seguir con tu vida, con tus obligaciones, tus movimientos sociales y tus responsabilidades. Pero el corazón te molesta, la cabeza se calienta y las piernas no quieren sostenerse. Los pies te impiden avanzar, los ojos se cierran un poco, la boca genera saliva para aceptar la situación y la espalda no se siente segura. El cuello se mueve, o tal vez tú. O tal vez los dos. Rodeado de gente, de mucha. Con sus historias, sus olores y sus vidas. Y tú ahí en medio. Entonces presionas el botón del autobús y te bajas corriendo. Vuelves a casa. “No puedo subirme de nuevo”.

Y entonces ocurre varios días seguidos, y meses. Y no sabes qué es, porque son sensaciones nuevas. Créeme que es complicado. Hay heridas que cicatrizan con unos días y esguinces que sólo necesitan mantenerse en reposo. Pero hay cicatrices que no se ven y lesiones que necesitan valentía y amor.

Pielofobia o agorafobia. Quizá la primera es más contemporánea, y más fácil de curar.

Un trastorno de ansiedad que radica en el miedo a las situaciones cuya evitación es difícil, donde no se puede recibir ayuda en caso de sufrir una crisis de pánico. Un temor obsesivo a los espacios abiertos o descubiertos llenos de gente. El ser en cuestión cree encontrarse en un contexto no seguro, en el que no sería posible recibir ayuda ante una crisis. Es decir, que sus síntomas se basan en una fuerte angustia producida por situaciones en las que la persona que la sufre se siente desprotegida y vulnerable ante posibles crisis de ansiedad que escapan a su control. La raíz del problema es algo así como un miedo al miedo.

El temor angustioso que experimenta alguien con este trastorno de ansiedad se fundamenta, básicamente, en la anticipación de los ataques de pánico. Por lo tanto, allí donde hay agorafobia también hay un bucle basado en el miedo. Un círculo vicioso de pensamientos recurrentes del que es difícil escapar.

Es el momento de devolver al mundo lo que un día perdí. La calma, la admiración y la confianza.

Un regalo,  una canción bajita. Un parque lleno de vida, una calle de domingo a mediodía, un vagón de metro lleno de historias, un autobús que vuelve tarde tras un día de duro trabajo. Un tren que se queda tirado en medio de la nada.

Un abrazo a cada habitante de estos espacios abiertos. Una muestra de cariño y de ayuda a cada uno de los pasajeros de un gran avión. Esperanza, calma, tranquilidad, contacto, tacto y piel. Superación, valentía, poder, humanidad, empatía y confianza.

Pielofobia cierra una gran etapa.

Una cicatriz muy bien cosida.

En la memoria de la piel.

 

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