¿Cómo de libre soy en realidad?

El color es junto a las formas una de las primeras estímulos que percibimos. Es capaz de atraparnos, atraernos y afectarnos de manera muy especial e íntima. Es una herramienta que tiene un impacto tan fuerte en el individuo, tanto a nivel individual como colectivo, que siempre nos hemos valido de ella para expresar, provocar y transmitir. Pero, ¿Qué sucede cuando no se puede utilizar?

En mi búsqueda por encontrar ejemplos en los que el color no podía ser utilizado, me encontré con un caso muy interesante; el cine expresionista alemán. Un tipo de cine extremadamente particular, desarrollado principalmente durante los años veinte del siglo pasado y que, además de ser mudo, no podía usar el color porque la tecnología del momento, no lo permitía.

Esta colección por tanto, está inspirada en el cine expresionista alemán tanto a nivel estético como a nivel conceptual.

Inspirándome en los recursos estéticos que este tipo de cine de vanguardia utilizaba (utilización de luces y sombras, decorados, arquitectura, simbolismos etc.) y, mezclándolo con experimentos propios, que pretendían poner en práctica dichos recursos, reflexiono sobre la libertad que hoy en día tenemos. Libertad que para mí es uno de nuestros bienes más preciados, un derecho que siento que siempre está en jaque y que a pesar de tener que evolucionar para adaptarse a la realidad social del momento, es frágil y manipulable.

Intento representar sus distintas manifestaciones, poniendo el acento en dos ideas principalmente; en primer lugar, en la tensión que siento entre mi yo, más libre y los obstáculos y trabas que coartan esa libertad, ya provengan éstas últimas de costumbres, normas sociales impuestas o consensuadas o en trabas que a nivel personal condicionan mi forma de actuar y en segundo lugar, en la idea de “falsa libertad” que creo que es una de las